En medio de una de las emergencias más difíciles que ha enfrentado la ciudad, los hombres y mujeres del Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali permanecen en las calles, entre escombros, estructuras afectadas y escenarios de alto riesgo, cumpliendo una misión que llevan casi un siglo desempeñando: proteger vidas.
Tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Cali y al suroccidente del país, los bomberos se convirtieron nuevamente en protagonistas de las labores de búsqueda, rescate, atención prehospitalaria y evaluación de situaciones de riesgo. La Alcaldía reportó que 260 bomberos voluntarios se encuentran desplegados en puntos críticos de la ciudad, como parte de la respuesta institucional a la emergencia.
Pero detrás de cada casco, cada uniforme y cada herramienta existe una historia que comenzó hace casi 100 años.
Una historia que comenzó en 1928
A comienzos del siglo XX, Cali todavía no contaba con un cuerpo de bomberos organizado. Cuando se presentaba un incendio, las campanas de las iglesias eran utilizadas como señal de alarma y los ciudadanos salían con baldes para intentar controlar las llamas, transportando agua desde el río, las pilas públicas, viviendas cercanas y otros lugares.
La necesidad de organizar esa respuesta llevó a que, en 1925, un grupo de ciudadanos comenzara a conformar una brigada conocida como los “apagadores de fuego”, liderada por Gonzalo Lourido.
Dos años después, el 21 de diciembre de 1927, el Concejo Municipal aprobó el Acuerdo No. 96, mediante el cual se creó oficialmente el Cuerpo de Bomberos de la ciudad. La estructura inicial contemplaba un primer jefe, un segundo jefe, tres ayudantes, un médico y 40 bomberos, quienes prestaban su servicio ad honorem.
Sin embargo, el momento definitivo llegaría meses después. El 17 de junio de 1928, un incendio en el Salón Moderno, donde actualmente se encuentra el Teatro Jorge Isaacs, evidenció nuevamente la necesidad de contar con un cuerpo de bomberos propio. En aquella emergencia fue necesario solicitar apoyo a los Bomberos de Pereira. Finalmente, el 20 de julio de 1928, quedó formalmente fundado el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, mediante un acto realizado frente a la estatua de Simón Bolívar.
Aquel grupo inicial estaba conformado por ciudadanos que decidieron dedicar parte de su tiempo a servir a los demás sin recibir una remuneración por esa labor. Esa esencia voluntaria se convirtió en una de las características que marcarían la historia de la institución.
Casi un siglo después, la misión continúa
Desde entonces, los bomberos de Cali han evolucionado junto con la ciudad.
Ya no se trata únicamente de apagar incendios. Actualmente, el cuerpo cuenta con capacidades para atender rescates de personas atrapadas, emergencias con materiales peligrosos, rescates en altura, atención prehospitalaria y situaciones relacionadas con colapsos estructurales y sismos.
La institución también cuenta con equipos especializados para búsqueda y rescate en estructuras, conocidos como BRU, además de perros entrenados para apoyar determinadas operaciones. Según información publicada por el propio cuerpo de bomberos, sus unidades atienden en promedio unas 40 emergencias diarias en Cali.
Es decir, mucho antes de que ocurriera este terremoto, estos hombres y mujeres ya estaban preparados para responder a emergencias de diferentes dimensiones.
Hoy, frente a los escombros
La emergencia provocada por el terremoto llevó esas capacidades al límite. En diferentes sectores de Cali, los equipos de rescate han tenido que trabajar durante horas para verificar estructuras, identificar posibles personas atrapadas, remover escombros y establecer condiciones de seguridad para continuar las operaciones. La tarea no termina cuando deja de moverse el suelo.
Después de un terremoto, una estructura que parece estable puede presentar daños internos y convertirse en un riesgo para quienes intenten ingresar. Por eso, las labores de rescate requieren coordinación, equipos especializados y protocolos que permitan avanzar sin poner en peligro a los propios socorristas.
Y allí es donde el trabajo de los bomberos adquiere todavía mayor importancia.
Una labor que también necesita de los ciudadanos
La emergencia también ha mostrado otra cara de Cali: la solidaridad de sus habitantes.
Vecinos que ayudan a remover elementos, personas que llevan agua, ciudadanos que colaboran con los organismos de socorro y comunidades que se organizan para apoyar a quienes resultaron afectados forman parte de una respuesta colectiva.
Pero los organismos de emergencia recuerdan que la ayuda debe realizarse de manera organizada. En una zona con estructuras comprometidas, acercarse sin autorización o intentar remover escombros por cuenta propia puede poner en riesgo tanto a los ciudadanos como a las personas que están siendo rescatadas.
Por eso, una de las mejores formas de ayudar es seguir las instrucciones de los organismos de socorro, reportar situaciones de riesgo y permitir que los equipos especializados desarrollen las labores de búsqueda y rescate.
Una institución que ha convertido el servicio en su razón de ser
La propia institución resume el espíritu del voluntariado como una decisión de entregar tiempo personal al servicio de los demás. Desde aquel grupo inicial de 40 ciudadanos en 1928, generaciones de bomberos han asumido esa responsabilidad.
En 1953, la institución recibió oficialmente el título de “Benemérito”, como reconocimiento a los servicios prestados a la comunidad. Desde entonces, su denominación oficial es Benemérito Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali.
Hoy, casi un siglo después de aquella primera organización, la imagen vuelve a repetirse: un casco entre los escombros, una herramienta en las manos, una luz buscando un espacio entre estructuras afectadas y un equipo que continúa trabajando mientras la ciudad espera respuestas.
Porque para un bombero, la emergencia no termina cuando cae la noche.
Continúa mientras exista una persona que necesite ser encontrada, una vida que pueda ser salvada o una familia esperando volver a abrazar a uno de los suyos.
Y en estas horas difíciles para Cali, ellos vuelven a estar allí.





